Los orígenes

En octubre de 1966, a 1850 metros de altitud alpina, un chef veterano, se ceñía el delantal, y se disponía a preparar una fondue con los más selectos quesos, y sonrió profundamente. Deleitado ante la mezcla de texturas y cálidas fragancias, un pensamiento cruzó por su cabeza: “Tal vez un día mis descendientes se sigan apasionando ante una fondue”.

Casi al mismo tiempo, un joven maître, a 3.000 kilómetros de distancia y a nivel del mar, se ceñía la pajarita. Con mimo, se disponía a cautivar con su esmerado y cuidadoso servicio a personalidades de toda la geografía nacional. Y sonrió, como sonríen los que viven cerca del mar, con un pensamiento en la cabeza: “Quizá mis descendientes disfruten experimentando con los sentidos tanto como yo”.

A día de hoy, un nieto de esta familia, bebiendo de la tradición de sus abuelos, y alentado por la memoria de un pasado gastronómico memorable, decidió continuar la historia de sus antepasados, con el tesón propio de los que aman lo que hacen y el porqué lo hacen, y con la pasión de los que creen que servir un buen plato aderezado con mostaza antigua, tan antigua como los romanos, es un regalo para los sentidos y, sobre todo, una ceremonia de cariño por la buena cocina.

Así nos abre la puerta Sinapi.

Algo más que un Restaurante. Un espacio donde vivir una deliciosa experiencia.